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CHILE. «Los Frei siempre tuvimos la sospecha de que nuestro padre fue asesinado»

Editor Noticiero DC |

Convencido de que un triunfo de la derecha en Chile «sería un grave retroceso», el senador, ex presidente y ahora candidato oficialista a la Presidencia, Eduardo Frei Ruiz-Tagle, defiende con fuerza la obra de los gobiernos del bloque que gobierna en Chile desde hace casi 20 años. Es su mejor carta de presentación para conquistar votos mañana, cuando se enfrente al empresario Sebastián Piñera en la segunda vuelta de las elecciones.

Frei está en desventaja y lo sabe. En la primera vuelta obtuvo un 29 por ciento de los sufragios, muy por debajo del 44 por ciento de Piñera. Pero se ha dejado la piel para atraer nuevos apoyos, principalmente de aquellos candidatos que se quedaron en el camino y que salieron de su coalición. Los sondeos dicen que está cerca de su rival y que la elección será reñida.

¿Por qué piensa que debe gobernar un nuevo periodo?, ¿cuáles son las tareas que a su juicio están pendientes?

Esto de ser Presidente de un país no es producto de un capricho, ni mío ni de un grupo de personas. Se trata de continuar y profundizar la exitosa obra de los gobiernos de la Concertación.

Hace 20 años Chile estaba muy lejano de los circuitos internacionales. Hoy nos estamos integrando a la OCDE, tenemos acuerdos comerciales con 56 países, lo que nos da acceso preferente al 85,5% del PIB mundial, se nos reconoce como un país que ha sabido hacer las cosas bien y el mejor ejemplo de ello es la forma en que pudimos enfrentar la crisis internacional.

Todo esto no es fruto de la casualidad, es producto de políticas consistentes, confiables y permanentes en el tiempo. Y, por lo tanto, es un camino que debemos cuidar.

Pero estamos aquí también para abordar nuevos desafíos y demandas de la gente. En primer lugar, dar un profundo salto en la calidad de la educación. Segundo, producir un profundo cambio y renovación en la política, porque es lógico que luego de 20 años haya cosas que corregir y se requiere abrir espacios a las nuevas generaciones. Debemos ampliar la protección social a la clase media y reducir las inequidades que persisten en nuestra sociedad.

En resumen, Chile se encuentra frente a una oportunidad histórica que no podemos desaprovechar. Y la garantía de que ello pueda ocurrir está en el proyecto que encarnamos, no en una derecha que representa un pasado doloroso que nadie quiere repetir en nuestro país y que significaría la concentración del poder político y económico.

¿Qué balance hace usted de los casi 20 años de alianza entre las fuerzas socialcristianas y los socialistas?

Más allá de la contingencia política en la que hoy estamos, es necesario reconocer que la Concertación ha sido el conglomerado político más exitoso en la historia de Chile. Hemos cambiado a Chile y vamos a seguir cambiándolo.

Sin embargo, es lógico que haya cierto grado de desgaste y necesita renovarse. Eso no significa que el pacto concertacionista haya llegado a su fin; sino que está en un proceso de renovación que debiera decantar en un futuro no muy lejano.

Lo claro es que independiente de en qué se traducirá ese proceso, Chile seguirá necesitando una fuerza de centroizquierda moderna, definidamente democrática y progresista, ajena a cualquier tipo de populismo, que actúe con sentido nacional y trabaje por una sociedad más igualitaria. Eso es indispensable para asegurar la estabilidad, la gobernabilidad y el progreso de Chile.

¿A qué obedece, a su juicio, la fractura que tuvo el bloque oficialista en la primera vuelta?

Hay que asumir que hubo cosas que se pudieron haber resuelto de manera distinta al interior de los partidos.

Pero la verdad es que hoy no estoy para analizar o comentar los errores que se pudieron cometer. Creo que ese es un tema que deberán resolver los partidos luego del 17 de enero.

Lo importante es que hemos sumado el apoyo de Jorge Arrate y Marco Enríquez-Ominami, de mucha gente que no votó por mí en primera vuelta. Y esto ha sido posible porque hemos desarrollado un intenso proceso de diálogo, sumando algunas de las propuestas que ellos hicieron para enriquecer nuestro programa. Así entendemos que se construye la democracia y las mayorías, en un proceso de diálogo político que permite hacerse cargos de las nuevas demandas ciudadanas, de los anhelos de cambio, de democracia y progreso que tienen los chilenos.

Usted obtuvo en diciembre pasado la votación más baja que haya obtenido su coalición en estos casi 20 años, ¿qué explicación tiene eso?

- Lo primero, porque los sectores que tradicionalmente votaban por la Concertación fueron divididos en tres candidaturas distintas. Basta ver quiénes eran los candidatos: Jorge Arrate, ex militante socialista y ministro en los gobiernos democráticos representó a la izquierda extraparlamentaria; y Marco Enríquez-Ominami, que fue como candidato independiente, era hasta el año pasado diputado de la Concertación.

Entonces creo que el principal factor fue la dispersión de votos. Basta ver el alto respaldo ciudadano a la Presidenta Bachelet, que hoy llega al 80%, lo que demuestra el reconocimiento y valoración que los chilenos y chilenas tienen de lo hecho por los Gobiernos democráticos.

¿Cree factible reunir a todas esas fuerzas y todo ese electorado, que suma casi dos millones de electores, en la segunda vuelta?

Estamos en eso. Se ha sumado mucha gente que no votó por mí en primera vuelta. He recibido el total apoyo de Jorge Arrate y del Partido Comunista, que gracias al acuerdo electoral que tuvo con la Concertación volverá al Congreso con tres diputados por primera vez después de 27 años.

El diputado Enríquez-Ominami me ha manifestado su apoyo y mucha de la gente que estuvo trabajando con él se integró a nuestro comando.

Pero más importante aún, he sentido ese respaldo en cada una de las actividades en terreno que he tenido a lo largo de todo el país.

Entre algunas de sus nuevas propuestas usted ha incluido la anulación de la Ley de Amnistía promulgada por el régimen militar, ¿por qué no lo hizo cuando usted gobernó entre 1994 y el 2000?

Esa medida está dentro de una serie de 17 compromisos para garantizar el respeto a los Derechos Humanos, que impulsará mi gobierno. Debemos consolidar de manera definitiva una cultura de respeto y promoción de los derechos humanos para que nunca más se repitan hechos como los que sufrió Chile en dictadura.

Ahora, responsablemente le digo que había cosas que no se podían abordar hace algunos años. Chile tiene hoy un régimen democrático consolidado, en el que ya no está en discusión el papel de las Fuerzas Armadas dentro del Estado de Derecho. Cuando asumí en 1994, todavía ocupaba la comandancia en jefe del Ejército el general Pinochet.

Y pese a ello, logramos avanzar mucho. No olvide que en mi Gobierno la Justicia dictó el encarcelamiento de Manuel Contreras, el ex jefe de la DINA. Se produjo entonces una gran tensión nacional y los ciudadanos se dieron cuenta de que estaba en juego el respeto a la legalidad. Contreras fue encarcelado y el país dio un nuevo paso hacia la normalización institucional.

¿Cuándo usted tuvo la convicción que su padre fue asesinado en 1982?

Siempre tuvimos la sospecha, en especial mi hermana Carmen que siguió en todo momento el caso y fue la primera en hablar claramente de esa posibilidad.

Pero la certeza vino con la decisión del juez de procesar a los implicados en el hecho. Fue un hecho que nos impactó. Era difícil pensar que en Chile se hubiese podido llegar al punto de cometer un magnicidio. Eso nunca había ocurrido en el país.

¿Qué significaría para Chile que gane la derecha con Sebastián Piñera?

Creo que sería un grave retroceso para el país, en especial para los más pobres. Pero no hagamos política de ficción, eso es algo que decidirán los chilenos este 17 de enero y estamos trabajando con mucha energía para obtener un triunfo.